martes, 28 de octubre de 2014

Una pincelada de los años 60.

El tren y la Navidad. Una pincelada.
Al final de una calle empolvada, como copiada de un Spaguetti Western pero real y en la frontera de Chile-Bolivia. Ahí empezaba la Pampa y el salar de Oyague, al pie del volcán Aucanquilcha. Desde ahí corrimos con Severino Caceres hasta un vagón del tren de carga que nos llevaría a la ciudad de Uyuni en el altiplano boliviano. Severino era un dirigente sindical de ferrocarriles bolivianos, perseguido y prófugo de la represión de su país y yo lo acompañaba en ese viaje al pueblo de su familia, del famoso salar boliviano de Uyuni. Subimos por una escalerilla lateral que tenía cada vagón del tren y nos fuimos caminando y saltando por los techos hasta llegar al ultimo que era un carro con asientos y llevaba a los operadores del tren y uno que otro pasajero. Como víspera de Navidad, los pocos pasajeros del vagón se repartieron vino comprado en la frontera y pasando de mano en mano fuimos vaciando botellas hasta crear un ambiente de fiesta en el tren. Así, antes de llegar a nuestro destino, en plena Pampa, de repente se detuvo el tren. El jefe partió a consultar al maquinista por que de la detención. Resulto que en el ambiente de fiesta, el maquinista en una parada se olvido echar agua a la locomotora y esta se recalentó dejándonos tendidos al anochecer en plena Pampa viendo a lo lejos las luces de Uyuni. No quedo mas que con un farol a la cabeza, en fila india, iniciar la marcha hasta nuestro destino.
El tren en medio de una Pampa helada, paso las navidades de fines de los 60 maltratado y solo, hasta el día siguiente que lo fueron a buscar.

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