martes, 28 de octubre de 2014

Cuarenta años no es nada.


Cuarenta años no es nada.
Me remonto a cuarenta año, como pasa el tiempo. Creia haberlo vivido todo a esa edad de hombre joven, buscando una razón de existir oteando siempre un horizonte que se diluye en un espejismo mucho antes de alcanzar la meta, los sueños se convierten en un alimento diario que impulsan a seguir el camino, ese camino con el tiempo te das cuenta fue más importante que la meta nunca alcanzada. Cuarenta años. Ya no te planteas coronar la cumbre, te conformas con disfrutar de su vista mirando desde la ladera o a media altura.
Una tarde me senté acompañado de una soledad inmensa, rodeado de gaviotas, pelicanos y botes que no veía. Mi pensamiento me convertía en un ciego que trataba de descubrir manera de seguir mi camino. Venia llegando de mi aventura Boliviana, la mina de azufre del volcán Aucanquilcha, los pasos en trenes de carga entre chile y Bolivia, las caminatas en el desierto y salares recién habían quedado atrás...Sentado en una grúa antigua de la caleta guardia marina Riquelme en Iquique, una tarde apacible de sol atenuado fue testigo de el inicio de una amistad que duraría muchos años. No es menos hablar de amistad cuando con el paso de los años te das cuenta que los amigos son una especie rara en estado de extinción permanente durante el curso de una vida. Desde el interior de la cabina de un falucho salió un rubio Crespo tostado por el sol. Se dispuso prender una cocinilla de gas a parafina donde calentaría agua para un te y freiría unos pescados para acompañar la que sería también la cena. La curiosidad y queriendo salir del limbo mental en que me encontraba, me llevaron a preguntar por el tipo de pesca realizaba en esa embarcación que parecía frágil para salir a alta mar. Me contesto que pescaban tiburones y que el hacia poco se había embarcado con el gringo Pablo para esas faenas. También viendo mi soledad contemplativa que rompía con nuestro inicio de platica, me invito a subir al falucho y compartir con el un te y el pescado que se multiplico milagrosamente. Así se dio inicio a una amistad de jóvenes piratas, audaces navegantes, pescadores de tiburones que perdura por los años. En un momento de la navegación el rumbo de nuestras embarcaciones emproaron a puertos y destinos diferentes. Pasaron muchos años pero ese tiempo en el mar y esa amistad quedo en el recuerdo. Como olvidar esas salidas de madrugada, Semi dormidos gobernando la embarcación hacia mar afuera rompiendo con la proa un mar fosforescente o las llegadas a Puerto después de varios días buscando al pez espada en alta mar, sobre esas frágiles embarcaciones marineras que siempre llegaban a Puerto como por acto de heroísmo y con el ultimo aliento de petróleo. Así con los recuerdos pasaron cuarenta años sin que nos volviéramos a encontrar con mi amigo Alejandro Barros Muñoz. Me preguntaba que habría sido de su vida. Una noche en mi departamento de Viena, en el distrito 13 de Hitzing navegaba yo por el mar de internet y en un mensaje de por ahí un chat, vi una nota que decía mas o menos " Capitán de altura Alejandro Barros M. Desea intercambiar información sobre frentes de pesca con otros capitanes."
Cuando vi ese nombre pensé que podría ser mi amigo y me decidí mandar respuesta preguntando si seria el mi amigo de juventud y aventuras marinas. No paso mucho tiempo hasta que me llego una respuesta lacónica y muy chilena. " Soy yo huevon." Desde esa oportunidad nos hemos encontrado en su casa y donde yo he vivido, en varias ocaciones, he conocido a su bella familia de chancletero con tres hijas y ahora abuelo de nietos. Ya no puede disimular su chochearía. Mi amigo sigue navegando ahora capitán de embarcaciones pesqueras o de la Marina mercante. Es un marino que no puede estar mucho en tierra, ya que con el tiempo a ese tipo de navegantes le salen escamas y se sientan en un rincón de un salón de Puerto, reservado para pescadores, cazadores u otro tipo de mentirosos, para contar aventuras, recuerdos de infancia, monstruos marinos, barcos fantasmas.Esto es un decir. Nos vemos poco. Mi amigo siempre navegando y yo de pueblo en pueblo, de país en país. Ya es hora de tomar juntos un ron. Recordar a amigos navegantes y pescadores que desde las estrellas señalizan futuros destinos donde recalar en tormentas cósmicas. Contar nuevas versiones de mi naufragio en guardia marina Riquelme. El cementerio del marino Noruego haya arriba en la Pampa, cayendo al mar en Alto Junín.
Salud Marino amigo Alejandro, es hora de reencontrarnos antes de que nuestra memoria comience a quedar en niebla y se diluya el recuerdo como la bruma o camanchacha de un amanecer norteño.
De mi libro "navegando en la vida"

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